Variedad de malestares, en Revista Nagari



A veces escribir es desescribirse. Asumir las formas y romperlas en rebeldías tiernas. No se trata de un futurismo trasnochado, sino más bien de el desmantelamiento del porvenir ante la pulsión del desastre. Agotados los modelos, la unidad falsea, engaña, y entonces solo nos quedan pedazos de lo contenido. El fragor vacuo. Seguimos siendo tan inconexos como en el principio de los principios. Ya lo decía Blanchot: “Escribir es entregarse a la fascinación de la ausencia de tiempo.”

Mas escribir es tiempo. Narrar es ordenar una secuencia de eventos en alguna manera lógica. Crono-lógica. ¿Se puede contar de otro modo?

Tal parece ser el norte estético en Variedad de malestares, la colección de relatos de Lydia Davis de la cual no hay forma de salir ileso.

Como siempre, el resto del artículo lo pueden leer en Nagari


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