Poeta en Nueva York: 75 años



La vista desde la cima de Cat Rock es monumental.

Vengo aquí todos los veranos, en una suerte de peregrinaje. La roca es milenaria. Me complace el anonimato de estar allí, sentirme partícula de polvo en una inmensa nada. Sin brújula. Central Park es un templo.

Es fácil desaparecer aquí.

Una arbolada simétrica y frondosa parece amortiguar el horizonte de acero, cristal y concreto que a veces da la impresión que avanza hacia uno. El verdor de Central Park se humilla ante el paisaje neoyorquino. Nueva York siempre será materia poética y me acompaña Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, uno de los libros fundamentales de la poesía moderna española e hispanoamericana.

Desaparecer es fácil aquí.

La Ciudad de los Rascacielos es una zarza que desgarra a Lorca, a quien otro Federico, el de Onís,le recibiera en la Universidad de Columbia a su llegada en junio de 1929. La ciudad, Lorca descubre pronto, es flor de Duende, un poder misterioso, como el poeta mismo definiera, “que todos sienten y que ningún filósofo explica”. El mismo duende que abrazó el corazón de Nietzsche, decía.

El arte nace entre pugnas. La dialéctica entre la realidad subjetiva y el mundo objetivo tensa en una unidad poética.

A 75 años desde su publicación, Poeta en Nueva York se lee como un texto experimental, un baúl de imágenes surrealistas cuya intensa plasticidad estética nos hace perder noción de su posesión capital más preciada: su lírica bioficción.

El resto del escrito lo acceden en Otro Lunes: http://otrolunes.com/37/otra-opinion/duende-en-nueva-york/


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