Algo huele mal y no es Dinamarca: sobre Oregon

Les Zaitz / The Oregonian via AP

El New York Times les llamó activistas armados. ABC News destaca que los “protestantes” (nunca los insurrectos) tomaban un edificio federal tras “una protesta pacífica”. Fox los llama manifestantes milicianos, y suena hasta poético. Los hombres, armados como si se tratara de una operación militar táctica, se apoderaron de las oficinas de Malheur National Wildlife Refuge en apoyo de Dwight Hammond y su hijo Steven Hammond, a quienes un juez federal encontró culpables de incendio premeditado y condenó a prisión en California.

La protesta origina en una disputa de contexto mayor en torno a la propiedad federal de la tierra local. En 2001 y 2006, los Hammond admitieron que prendieron en fuego un área que rodea su rancho para controlar los incendios forestales y limitar el crecimiento de las especies de plantas invasoras. Como reclamar que fue en defensa propia. Los ciento cincuenta hombres, que conste, apertrechándose de armas, municiones y vestimentas militares.

Los terrenos incendiados se signaban bajo propiedad del gobierno y ahí el delito.

Entonces, la revuelta. Aunque la corrección política y el periodismo oficialista le llame protesta.

Como nota el Washington Post, la cobertura noticiosa en los Estados Unidos ha suavizado la semántica al tratarse de ciento cincuenta hombres blancos que han manifestado que están dispuestos a morir. Es obvio, que quien arriesga su vida está dispuesto a matar también.

El hashtag en Twitter lo dice todo: «Oregon bajo ataque». La diferencia entre «terroristas» y «milicianos», como nota @bgrice, es el color de la piel y la religión.

La presencia policíaca es nula en los predios. La medios televisivos se cifran en su ausencia. La Guardia Nacional ni ha sido mencionada. Ammon Bundy, quien junto a su hermano lidera el alegado acto de desobediencia civil, dice en Twitter que cuando profiere desencantos contra el #BLM, se refiere al Bureau of Land Management, y no a «ese otro movimiento que utiliza las mismas siglas».

El “otro movimiento” al cual Bundy se refiere es el Black Lives Matter.

En 1859, Oregon se integró como estado número treinta y tres de los Estados Unidos y su constitución prohibía vivir, trabajar o poseer tierra a los negros, disposición que perduró hasta el 1926. Comenta Mike Novak que la fundación de Oregon obedece fundamentalmente a la creación de «una utopía blanca».

En Oregon proliferan más de trescientos experimentos comunales desde la fundación del condado de Aurora en 1856, acota James Kopp en Eden versus Eden: Oregon’s Utopian Heritage. Solo 2% de la población de Oregon es de raza negra. La información de Oregon en la página de Wikipedia ni siquiera considera la distribución racial en el estado como un dato relevante.

De los orígenes del nombre Oregon, no se sabe otra cosa que la especulación. T.S. Elito decía que provenía de vocablo taíno «huracán». Otros los relacionan con la ciudad de Obregón, en Santander, España; incluso, con el reino de Aragón, al que perteneció en un momento California, territorio dominado por exploradores españoles. Que si proviene del orégano, que si proviene del nombre del río Ouricon (una desacertada transcripción del nombre del río Ousinconsink, o Wisconsin); o si significa «orejón», en referencia a los ornamentos utilizados por los nativos de la región.

Cuando los misioneros anglo-cristianos llegaron a Oregon, decidieron que sus asentamientos quedaban fuera del alcance de “aborígenes, mestizos y hawaianos”. En 1849, con el propósito de deshacerse de los Clackamas que habitaban la región, los residentes de Linn City incendiaron (por supuesto) premeditadamente, los abastos de comida que la tribu guardaba para sobrevivir el invierno.

De más está hablar de la depuración étnica a lo largo del noroeste de los Estados Unidos. Con el descubrimiento de los grandes yacimientos de oro en la región, más de cuatrocientos mil emigrantes llegaron a Oregon a través del conocido Oregon Trail.

Llegaron con hambre de riquezas y el poder de las armas. Prohibieron a los indígenas el acceso a los rifles y alimentaron su maíz a los cerdos. Liquidaron a los Chetco, a los Coquille, a los Takelma, entre otros; los sobrevivientes, fueron explotados como esclavos mineros. Oregon, el estado de las grandes utopías blancas, se bautizó –como muchos otros estados- con la sangre de todo aquel que no fuera blanco y cristiano.

Curiosamente, durante la visita del Presidente Barack Obama a Oregon, un nutrido grupo de manifestantes declaró al presidente como persona non-grata, dada su política de reducción de armas. «You are not welcomed here», le dijeron, e insistieron en que se marchara del estado.

«We are serious», dijo Ammon Bundy en Good Morning America. «Leave us alone». 

Así es que se rompen las galletas.

Y aquí nos devuelve la historia. El destino –que solo existe en los que destinan–, queda manifiesto.

En 2012, residentes del estado de Oregon se añadieron a los de otros 29 estados que firmaron una petición de separación del actual orden que compone el sistema federal de gobierno de los Estados Unidos. Los Bundy y sus milicianos no están solos. 

«The rest of America can see that there's something wrong» concluye Ammond Bundy.

Algo huele mal, diría Hamlet. Pero no es Dinamarca esta vez. 


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