"[Tophat Eddie] died trying to shield his boyfriend from a hail of bullets".
--CNN News

Cuando nada en la tierra,
Quede que tibie el sol,
Cuando nada en la tierra,
Quede que evoque ya.

Cuando sobre la tierra no haya ya mi dolor,
Solo habra una niña y ella sera el amor, 
El amor, el amor, para empezar.
--«Génesis», de Lucecita Benítez
-


¿podría caber un amor así de grande
en mí, así, de esos que todo lo pueden,
bajo el opalescente sombrero
de copa, donde se acopla la afección
o el querer sin fin, como querer hasta
después la muerte? ¿podría morirme
yo de espaldas a las balas,
como un TopHat Eddie hecho
de universo en la noche furiosa
de #Orlando, sombra insomne de las épicas
de Ariosto, abalanzado sobre lo absoluto,
el lugar común que es el amor de la vida?

quiero ser tú, TopHat Eddie, y cantar en agonía 
“I Will Die for You”, viajando en carroza 
por la luna para encontrar lo que perdimos
en la tierra mientras la sangre arrebuja
los cuerpos acribillados por el odio,
los cuerpos que cesan ante la materia,
los cuerpos vaporizados en la memoria?

solo los valientes se sacrifican
por amor, Tophat Eddie,
como todos los que cayeron 
contigo- poder amar así es siempre
una libertad contrariada 
por los que temen ser libres

por eso solo los héroes mueren
por amor, Tophat Eddie,

solo por amor siempre,
para empezar


-a las víctimas de la masacre de Orlando, la madrugada del 12 de junio de 2016, en especial a Eddie Sotomayor, Jr., «Tophat Eddie», a quien nunca conocí, pero cuya valentía y muestra de amor provocó este poema.



Azahares Magazine, de la Universidad de Arkansas- Fort Smith, publica estos dos poemas de mi autoría en su volumen de 2016-17. Ambos poemas pertenecen a un libro dormido titulado Ephemera.


los árboles enfermos


aquí había dos árboles enfermos
atenuados por la sequía y al sol
moribundo de luz entre la arena
blanca cepillando el marfil del cielo
testigo de la desnudez habitual
en la primavera, cuando despojaban
las hojas sin pudor ni enmienda,
otoño precoz que arropa la calle
desierta de palabras que remedien
la muerte carnicera de nuestra historia
amordazada por la tristeza súbita
que invade el fantasma de lo que fuimos


lo que nos mata


el tiempo ha sucedido
como el musgo al pie
callado de la entrada,
un bien de silencio
una nueva soledad

el sol fagocita el aire
cuando llena tu mano

la verdad adicta a la duda
trae consigo un contorno
delgado: la ilusión de la luz
que se asume como causa
cuando solo es un efecto
decoroso de la materia

me atropella el «te extraño»
que transita por el corazón,
ese cenicero donde apago
los besos fumados sin filtro

vestida de distancia,
no puedes callar con el dedo
el principio de lo breve:
un «fue» siempre
cancela al «pudo haber sido»

mi boca queda llena de sortilegios
y mi cama, poblada de olvidos

lo intangible es lo que queda
y nos mata





Este ensayo apareció publicado originalmente en Nagari: Revista de Creación


Si la poesía no fuera impostura, sería verdadera.

Decirnos a plazos, que es como decir a versos, es una manera resoluta de escribirnos a pasos deteriorados. Las palabras nunca van a poder contenernos en esas elaboraciones semánticas que por densas a veces se hacen impenetrables, y por ende, invisibles. No hay mayor duda que la razón. Así que al asomarnos a Láser, segundo poemario del poeta Samuel Medina, nos atenaza lo escueto.

Total. Si por demasiado no se avanza tanto, por mucho no va a verse mejor. Así somos en estos tiempos del 30% agrandado.

Láser es un conjunto de veintiocho poemas que se traslada con unidad espacial o direccionalidad. A los treinta y un años, Medina, fundador de la editorial y librería Libros Ac, ha palpado muchos libros, ha amasado muchas palabras, y ahora se detiene para volver, por primera vez desde Sushi (2008), con un coctel de libro -suerte de crónica, autoficción y poesía- en el que el poeta, más que sublimarse, se abraza a la posibilidad de concretarse sin prescindir del sujeto que preexiste al texto.

O mejor decir: estos son los poemas de Samuel. Él anda por ahí. Así, con el alma de poeta que ha caminado un largo trecho en poco tiempo.

El tono del poemario es un simulacro de poesía confesional, un fundamento estético del libro que no presume de imaginería rebuscada ni artificios exuberantes. Tersa y neutral, la orfebrería poética es interpretada como gesto, a veces irónico. El hablante que transita por los poemas, situado en plena conciencia de Millenial, se ha desposeído del capitalismo lingüístico con que se suele medir la poesía. Digo, ¿cuántas veces no nos hemos referido a las palabras como un «tesoro léxico»? ¿O hablamos de la «riqueza del poema»?

«Láser» es un poema dicho de manera espontánea y sucinta, y esto no es gratuito. La economía en el decir no es solo la moneda de trueque de muchos de los poetas de su generación, sino que también hablan de un mundo en escasez y deterioro, un entorno que se disuelve; un mundo que se desintegra, como en el poema “Ponce”, donde la ciudad “apesta”, mientras el hablante comenta sobre “el centro del pueblo,/la plusvalía de los edificios abandonados,/ el Distrito de Negocios,/ el doctorado en Farmacia,/ las carreteras de Ferré,/ los semestres que nos esperan[…]”

Se habla como se vive y se vive como se habla. 

Como que la palabra glamour origina de gramática. 

Y menos que glamoroso y enrevesado, Láser se dice entre modos de carencia.

En «Anuncio», la comercialización y la contaminación visual de Santurce toman protagonismo: «En la parada dieciocho/ se buscan hombres/ con experiencia/ en concreto». El concreto, de paso, posa como fantasmagoría del paisaje. La ciudad carece de espacios verdes. El protagonismo del concreto es claustrofóbico (Concreto podría ser un título alterno al libro). A medida queLáser transita por Santurce, Condado, Miramar, columpiándose entre Carolina y Bayamón, poemas como «Movimiento del concreto» y «Cabeza contra el pavimento» ratifican la urbanidad de estos poemas.

Precisamente, en el poema «Concreto», la voz nos dice: «Dejar/ caer/ la flor,/ precisamente,/ por su belleza». Lo concreto se yuxtapone a lo abstracto; la tarea del poeta es concretar lo que de otra manera es amorfo; lo concreto es sólido y todo lo sólido se desvanece en el aire.

Las palabras dejan de ser tiernos capullos de sabiduría y se aparecen como bienes de consumo, denigrados a su función face value, sin profundidad, tal sucede en “Memorias del subdesarrollo”, donde los verdaderos amores «son aquellos/ que nos llevan a la estación/ de Puerta de Tierra/ con abogado y maletín en mano». Los abogados, «letrados» de la ley y el orden, divisan la palabra normativa (la palabra desgajada de su función poética). En el poema hay promesas incumplidas (la palabra traicionada), excusas (la palabra disfrazada), perdones (la palabra humillada), lamentos (la palabra dolida) y despedidas no dichas. «Y desde las distancias/ pesamos, en total desacierto,/que nos gimen/ y nos lloran». Las palabras, en su futilidad, desdicen el consuelo. Se producen y se consumen como objetos que, en boca del poeta, se van descomponiendo en nada.

Tales son la porosidades de Láser.

En el «San Juan de Puerto Rico», persisten en la reiteraciones del hablante en un mundo sin poesía. En un penthouse que mira a la Laguna del Condado, dos gemelas aspirantes a ejercer la carrera de medicina le «hablan sobre sexo,/ relaciones entre parejas,/ pelo púbico,/ bikinis, la playa y el Sol», para luego conversar sobre Wimbledon, «tratamientos láser,/ los moretones en las rodillas,/ Harvard, Chicago, MIT» durante toda la noche, que culmina de manera inconsecuente. Mientras las chicas se retiran, la voz del poema dice: «Y en la esquina está el putero,/ el que sus amistades,/ hijos de abogados,/ me recomendaron».

La frivolidad como valor de cambio, o la plenitud paradójica de la existencia moderna.

Los sujetos en estos poemas encuentran en el porno una recreación; los strip clubs, una aventura. El sexo no llega a ocupar más preponderancia que la de un divertimento. Del amor, pues, no hay rastro mayor que el deseo. «Si yo fuese tú, me conseguiría un tronco de mujer» dice el personaje de «1510 Ponce de León» en su desdoblamiento. «Mira que los años/ y la vista/ no regresan.//A menos que alguna/ te haya vuelto loco», añade. Luego, concluye: «Como las bibliotecas». Entonces dos amores se unen: el objeto del deseo se alegoriza como el amor por las bibliotecas, ambos tan reales como idealistas. 

La nota biográfica es ineludible: el 1510 es el lugar donde alberga Libros Ac en Santurce.

Por eso hace falta el dictamen, la palabra que conforma una ética para afrontar el deterioro, como supone el poema «Decálogo»: «Hablarás y tu voz/ se convertirá en concreto». Al final, concluye: «Defenderás nuestra progenie».

Un poema que sobresale en el conjunto es «Metonomia», el cual hace prestación de la consabida anáfora «Estoy contigo en Rockland» del tercer movimiento del «Aullido» de Allen Ginsberg, que Medina transforma en «No estoy contigo en Santurce». Magistral y cargado de poesía, el poema canta: «No estoy contigo en Santurce…/donde según el Censo/ las cifras/ y nuestros números languidecen/ y las caídas, como las riquezas/ ya no se distinguen tan fácilmente». 

La ciudad no solo se deteriora y se deshabita, sino que se amansa, pierde su pudor. Los poemas se pierden al viento y su labor domesticadora fracasa. 

¿Quién habrá de escucharlos y leerlos? Todo lo que queda es una melancolía barnizada: «y ahora el amor es un puente/ y la memoria, la travesía/ y así el mundo se nos hace claro».

El poema apunta a una poética madura, tensada por la belleza de haber bebido de las decepciones. A veces resuena como la matriz de los demás poemas incluidos en el libro; a veces, como otra cosa porvenir.

Y eso es bueno.

Láser es un libro de percepciones excitantes, lleno de las bondades de un poeta que se nos entrega en el desafío de conservarse a sí mismo. Es una aportación a esa literatura que se viene destilando en un país de descontentos y desencantos, un tipo de extrañamiento con el que a veces solo el poema se entiende. Y por eso, hay que escribirlo jugándose el destino.

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