Un cuerpo siempre es una ciudad solitaria que se camina a tientas con el tacto. Es solo en la presencia de otro cuerpo, el que nos toca, el que nos recorre, que nos sabemos existentes. Es la poesía la que nos lleva a pactos con la materia y su ausencia. Es menester de la palabra formularse como selfies de la memoria, para que no se vaya, para que no se pierda. La palabra es un pez de aire, como esos actos de fuga que componen el primer poemario de Marta Jazmín García Nieves, Luz fugitiva (Callejón 2014).

De la poesía joven en Puerto Rico nunca se dice lo suficiente. En un país deshilado de gente, García Nieves atenta contra el silencio y la devastación como si hubiese vivido siempre, como si ya fuera poeta antes de nacer. En el principio fue el deseo; luego vino la palabra. Premiado en el Certamen de Poesía Joven El Farolito Azul, Luz fugitiva arrea las pérdidas y sus sombras para traernos un conjunto de poemas tendidos sobre tres momentos, Parpadeos del silencio, Itinerarios del reflejo y Lumbres moribundas.

En sus mejores momentos, Marta Jazmín nos evoca a Soledad Fariñas, quizá a la Mistral y a Pizarnik. Es una poesía dicha con lo mínimo, un efecto de eficiencia semántica, así, como quien lleva las palabras contadas en su cartera.

El resto del escrito lo acceden en Otro Lunes.


En el El buen nombre, la obra maestra de Jhumpa Lahiri, Moushumi Mazoondar conoce Dimitri Desjardins por primera vez en un autobús a Washington DC. En ese momento, ella no sabe que se convertirán en amantes, pero cuando se le pregunta su nombre y no entiende la forma en que se escribe, le dice a Moushimi: “Te llamaré Mouse”.

Su reacción no se hace esperar.

El apodo la irrita, pero le gusta al mismo tiempo. La hace parecer tonta, sí, pero ella sabía que al él nombrarla, la había reclamado. En este punto de la novela, el lector comprende entonces que, al igual que Sartre solía decir, para nombrar una cosa hay que apropiarse de ella.

Pero El buen nombre no es la novela sobre Moushimi, quien, a la larga, desaparece barrida por el despecho. En cambio, se trata de la novela de su marido, un hombre llamado Gogol, que se rebela contra sus padres por el nombre otorgado por sus padres. Blanchot diría que nombrar la cosa es matarla. La cosa es aniquilarla y sustituirla por otra metáfora. Muere algo y algo cobra vida.

Como todos los meses, el resto del artículo lo acceden en Nagari.




«Pensar en letras es pensarlas todas, cual engranaje de símbolos prestos a trasmitir un mensaje con importancia expresa. Nuestra Revista Literaria Le.Tra.S., desde su propuesta inicial, ratifica el compromiso de divulgar la literatura que surge en y a través de la Universidad Metropolitana en Bayamón. Hablar de Le.Tra.S. es hablar de literatura y hablar de literatura es hablar de arte, educación, libertad, pasión, locura, verdad…»

Así se pronuncia el primer número del tercer volumen de la Revista Le.Tra.S, publicada por la Universidad Metropolitana de Bayamón, y a editada por la escritora Consuelo Mar Justiniano. En la entrega presente, se incluyen dos relatos míos, pertenecientes a Gran vacío a boca llena, un libro de relatos que madura por casi diez años sin ver prensas.

Los relatos, "La bella vida de un héroe despechado" y "Las palabras sin voz" se presentan aquí:

Gracias a la UMET y a Consuelo. Siempre las gracias. 

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